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miércoles, 8 de junio de 2016

Tormenta


Primer premio Concurso de relatos breves
Modalidad: Enseñanzas no Formales
Alumna: Soledad García Garrido

La cafetería permanecía atestada a esas horas de la tarde, mientras fuera la lluvia rebotaba sobre las baldosas con intensidad y el aguacero corría por las aceras como un tsunami imprevisto. Llegué con una hora de antelación porque necesitaba ordenar mis ideas y adelantar mentalmente lo que llevaba rumiando toda la semana.
Sobre las seis, pedí un café solo. De inmediato caí en la cuenta de que no debía tomarlo, pero me dio lo mismo. Casi dos meses llevaba sin fumar y sin beber ni una triste cerveza. Al bebé le hacía bien, pero yo tenía los nervios destrozados.
A primera hora, el agua que caía suave templaba la tarde fría. Al poco de llegar, como un cruel augurio, cayó la noche súbitamente y el cielo se cerró en banda. Las nubes grises, casi negras, no daban tregua a lo que quedaba del día. Los limpiaparabrisas de los coches, que circulaban a veinte, iban y venían trastornados, a punto de echar a volar. Desde la ventana más cercana solo se apreciaban los faros borrosos que se evaporaban al pasar. No había más luz. La cafetería comenzó a llenarse de gente que únicamente pretendía refugiarse del diluvio. La humedad del suelo y los cristales creaban una atmósfera asfixiante. Las voces, incrustadas en mis tímpanos, se convirtieron en un sonido agudo y prolongado. La cabeza se me empezó a quedar fría; la boca, seca; y la vista se nubló de repente.

Desperté del mareo desorientada. Una mujer con un delantal me ofreció una taza caliente de tila, como si la solución a mis males se hallara concentrada en esa infusión. Se trataba de la tercera vez que me sucedía en los últimos quince días.
- Toma, hija, toma, te hará bien.

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