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martes, 9 de mayo de 2017

Cuentos para mi hijo Manolillo

"Manolillo de mi alma – escribe Miguel Hernández en una de las cartas dirigidas a su mujer desde la cárcel de Alicante- sabrás que hoy has cumplido tu primer año, y que tu padre te felicita como puede, desde tan lejos. Puesto que ya andas, ven aquí conmigo y aprenderás a ser hombre en la cárcel, donde tantos hombres desaprenden. Me dice tu madre que no te gusta mucho el juguete que te he mandado y que te gusta más el biberón. Mejor. A mí me pasaría lo mismo".



En 1941, desde esta misma cárcel, el poeta escribió estos cuentos dedicados a su hijo Manuel, “Manolillo”, la única alegría de sus últimos años y a quien apenas llegó a conocer. Dos de ellos fueron ilustrados con dibujos del propio poeta, realizados en papel higiénico, el único material con el que contaba en estas circunstancias y con el que consiguió fabricar un pequeño cuaderno. Otra cosa no podía dar a su hijo y esta era la mejor muestra de su amor.

“El potro obscuro” simboliza ese sueño que el poeta, finalmente, no pudo lograr.

Los cuatro cuentos en su conjunto representan un gesto de amor de un padre a su hijo en un tiempo oscuro, en el que era demasiado difícil pensar en la esperanza, si bien Miguel la encontró en su pequeño.

El conjunto de los cuatro cuentos, hoy guardado en la Biblioteca Nacional de Madrid, es probablemente el último trabajo literario del poeta.


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